CUESTA ABAJO
De Dante Alighieri a Alfredo Le Pera, desde "La Divina Comedia" hasta "Cuesta abajo". Avatares de un motivo poético.
che ricordarsi del tempo felice
nella miseria,
le hace decir Dante a Francesca da Rímini en su poema impar (Infierno, V, 121-123): no hay dolor más grande que acordarse del tiempo feliz en la miseria, en la desgracia. Este mismo pensamiento lo retoma el marqués de Santillana - poeta culto popular de la España del siglo XVI- en su poema "El infierno de los enamorados":
La mayor cuyta que aver
puede ningún amador
es membrarse (acordarse) del plazer
en el tiempo del dolor.
En otro tiempo y otra geografía hallamos la misma idea dantesca en una de las coplas recogidas a principios del siglo XX en el norte argentino por el maestro Juan Alfonso Carrizo:
Las pasadas glorias vienen
a amargar el pensamiento
que acordarse el haber sido
sirve de mayor tormento.
Y ese parece ser también el "mayor tormento" del protagonista del tango "Olvido", de Charlo y Luis César Amadori (hay una excelente versión del Polaco Goyeneche), sobre todo cuando se lamenta:
"Si pensara alguna vez en lo que fui
no tendría ni la fuerza de vivir…Y sin embargo para mí que lo he vivido
yo sé todo lo que he sido, lo que nunca más seré".
Dolerse por el tiempo pasado, generalmente, más feliz, es un asunto muy común en la literatura del tango. Aunque a veces, como en "Cuesta abajo", el clásico de Gardel y Le Pera, éste aplica una vuelta de tuerca al tema, y constata que al dolor de ya no ser, de por sí deprimente, se le puede agregar una desdicha mayor: "la vergüenza de haber sido".
El protagonista rememora un pasado ya no feliz ni apacible sino lleno de ignominia al que asume y justifica, sin embargo, como obra de la pasión, del "coraje de querer".
Este es el arranque de esa letra antológica, estrenada por Gardel en la película homónima filmada en Long Island, Nueva York, en 1934:
Si arrastré por este mundo
la vergüenza de haber sido
y el dolor de ya no ser,
bajo el ala del sombrero
cuántas veces, embozada,
una lágrima asomada
yo no pude contener.
Si crucé por los caminos
como un paria que el destino
se empeñó en deshacer,
si fui flojo, si fui ciego,
sólo quiero que comprendan
el valor que representa
el coraje de querer.
Juan Carlos Jara